6- El desapego y sus “alucinaciones”

Alguna vez hemos escuchado esta conversación entre alguien en duelo con otra persona que quería ayudar:

-Pero si sabes que tu nene es un ángel, que está feliz junto a Dios…

– Sí, lo sé – responde la mamá.

– ¿Y eso no te ayuda?

– Pero yo lo extraño, lo quiero conmigo…

Es paradójico. Se “sabe” de la felicidad del muerto pero la extrañeza cuenta más que su dicha. Es la fuerza del apego. La sangre es muy pegajosa. La fuerza del apego tiene otras expresiones peculiares como la que se refleja en este diálogo:

– Tienes que estar bien para que él (el muerto) esté bien.

– Sí, – dice el familiar- porque si estoy mal no va a descansar bien donde está. ¿Se imaginan ustedes qué “futuro” le espera al “pobre muerto” si sus familiares en duelo toda la vida se la pasan en sufrimiento?

Cuando estamos en duelo, no podemos aceptar que nosotros suframos enormemente y que quien falleció “esté en la gloria”, que sea feliz.

El duelo lo hacen los vivos y no los muertos. Aunque se esté hablando del muerto, en el fondo, se habla de uno mismo.

– Yo le doy permiso para que se “vaya”.

¡Qué esquizofrenia mental y afectiva! ¿Cómo se va a dar permiso a alguien muerto para que se muera? ¿Acaso se era dueño de la vida y se es dueño de la muerte del fallecido?

Hay que ir desapegándose para crecer en la sana elaboración del duelo. “La intensidad del duelo es proporcional a la fuerza del apego”, defendió con énfasis Alexander Bain (1).

La extrañeza, el apego y la pena de la separación actúan profunda e inconscientemente en el psiquismo de la persona. Por eso, surgen inicialmente las “alucinaciones” en el duelo:

· Alucinaciones olfativas: muchos dicen oler el mismo perfume del muerto, no sólo de sus cosas. Obviamente…

· Alucinaciones táctiles: sentirse tocado, ser despertado, que se coloca la mano en el hombro… justo como hacía antes de morirse.

· Alucinaciones auditivas: es frecuente escuchar que los dolientes oyen voces, que el muerto envía mensajes, que habla.

· Alucinaciones visuales: suelen ser más frecuentes cuando se anhela que “vuelva en cualquier momento” o “que se abra la puerta y entre como hacía habitualmente”. En no pocas ocasiones, se lo identifica a la distancia con otra persona muy parecida.

· Alucinaciones oníricas: se desea que el muerto en sueños diga donde está y si está bien…

Estas “alucinaciones” al inicio del proceso del duelo son N.N.N.: normales, naturales y hasta necesarias. La persona en duelo está trabajando el desapego físico y emocional. Si esas manifestaciones persisten por largo tiempo, el duelo pasa a ser anormal o patológico.

Desgraciadamente, esas “alucinaciones” propias de los primeros tiempos del duelo inmediato suelen ser muy aprovechadas por los movimientos animistas, espiritistas, reencarnacionistas o de la “Nueva Era”. Sin escrúpulos, se aprovechan de la desesperación en el sufrimiento. Consiguen una sola cosa: enviciar el proceso sano de elaboración del sufrimiento añadiendo más sufrimiento. Hasta dicen hacer visualización de los muertos y darles “forma”. Como no aceptan la muerte ni la resurrección…

(1) Arnaldo Pangrazzi. El duelo. Cómo elaborar positivamente las pérdidas humanas. Ed. San Pablo, Buenos Aires, pág. 29.