5- Atención a los mensajes del sufrimiento

Ya se mencionó que el sufrimiento nos envía muchos mensajes “traicioneros”. Sanear la raíz de esos esquemas mentales es ir elaborando el duelo. Nunca el sufrimiento por sí mismo va a dar mensajes positivos (1). La mente se ve embotada.

– ¿Qué sentido tiene ya vivir?

Pareciera que se está condenado a “sobrevivir” y no a vivir plenamente siendo feliz. Es toda una tentación.

– Trabajar más me ayuda.

Como el sufrimiento es insistente, en no pocas ocasiones viene la tentación de evadirlo tratando de mantenerse desconectado de la pérdida o muerte. Pasar mucho tiempo ocupado fuera de casa en una hiperactividad pareciera engañosamente lo mejor.

– Si hablo de mi sufrimiento con mis seres queridos, les hago sufrir más.

En absoluto es así. Al contrario, esa valentía de desahogarse y confrontarse mutuamente es exigente para el corazón, pero altamente sanadora.

– Cuando estoy ocupado, estoy bien. Pero cuando vuelvo a casa, especialmente por la noche, los pensamientos…

Al inicio, la vuelta insistente del pensamiento, la llamada “hiperreflexión”, es atosigante. Hay que aliviar la mente con otros pensamientos más serenos. Pero posteriormente nadie saldrá del sufrimiento si evade esos mensajes, porque volverán más pertinazmente. Hay que confrontarse con ellos; más aún, adueñarse de ellos. Lo que no se asume, no se supera.

– La muerte de mi hijo fue el sábado a las 19,30 hs. Unas horas antes ya empiezo a ponerme mal. Salgo de casa y me voy a … Es superior a mí.¿Pero voy a estar siempre huyendo? ¿Tiene tope este tormento?

El duelo no se sana ni cede por sufrir más ni porque tenga un tope. El tope del sufrimiento no ha de ser por sobresaturación del sufrimiento sino por ponerle tajo al aceptarlo, serenarlo y transformarlo.

– El tiempo lo cura todo.

No es el tiempo sino lo que se hace con el tiempo. El tiempo innecesario dado al proceso del sufrimiento se lo quitamos al amor y felicidad.

– Cuando me dicen que me ven bien, me molesta. ¿Acaso creen que lo olvidé?

Vivir el duelo no es renunciar a volver a ser feliz. Los muertos no se llevaron el derecho a gozar de la alegría de la vida. No morirse con los muertos. Y sufrir más no es querer más.

– Mi primer deseo fue irme con ella y listo, ¿pero y los otros hijos?

¡Atención a la “reunificación mágica”! Puro escapismo.

– Decidimos cambiar de casa. No podía soportar ver aquella pieza vacía.

El sufrimiento no está fuera de nosotros. Con nosotros se va el sufrimiento a todos lados. Hay que ir sanando todos esos mensajes “aliviadores” pero no sanadores.

San Juan de la Cruz escribió: “El más puro padecer / trae y acarrea / más puro entender”. Habría que afirmar también: “El más puro entender / trae y accarrea / más puro padecer”. La figura de un coordinador competente que sepa confrontar empáticamente al doliente con sus esquemas mentales es esencial.