4- El lenguaje usado

El impulso íntimo de no abordar la dura realidad impide llamar a las cosas por su nombre y sobreabundar en eufemismos:

                – Se fue.  – Partió.   – Nos abandonó.   – Decidió irse.   – Lo perdimos.

Las mismas páginas del necrologio emplean expresiones como éstas:

                – Ha desaparecido.  – Dejó este mundo.   – Obitó.    – Faltó al afecto de sus seres queridos. – Pasó al eterno descanso.

Expresiones que, cuidadosamente, evitan utilizar la expresión morir. Lo mismo sucede en los casos de suicidio, situación tan lamentable.

Pareciera que utilizar el término morir fuese una crueldad para con los deudos. Sin embargo, partir lleva consigo la posibilidad de volver; perder, de reencontrarse.

Los eufemismos, inicialmente, pueden ser un recurso de suavización que necesite la psicología humana pero que, a la larga, son conceptos que retrasan el camino de la sanación.

El coordinador de un grupo de mutua ayuda nunca debe emplear estos eufemismos, aunque sean utilizados por las personas en duelo durante la misma conversación. Tal actitud resultará provechosa a quien sufre para ir aceptando, poco a poco, la realidad de la muerte.

El sano lenguaje utilizado es fiel reflejo de la aceptación de la realidad y de una auténtica elaboración del sufrimiento.

Cuando el doliente pueda decir “mi ser querido se murió” estará en un momento cualitativo de la elaboración de su duelo.