17- Duelo: personal pero muy comunitario.

El duelo es personal e intransferible pero muy comunitario. Nadie puede hacer el duelo por otro, pero nadie debe hacerlo solo, lamiendo en soledad las propias heridas, como un animal herido. Así la esposa no puede hacer el duelo por el esposo y viceversa, pero han de hacerlo juntos, sin pactos de silencio, respetando la diversidad de los tiempos y actitudes personales, apuntalándose en los momentos más vulnerables para reconquistar la esperanza, regalándose el diálogo y la presencia constantes, aún en silencio.

No caer en la seductora tentación de creer que los demás familiares no hacen su duelo, de minimizarlo o de hipotecar su felicidad con la propia y eterna infelicidad. ¡Ojo con los duelos enfermizos!

No ser motivo de compasión ajena. Tampoco reprimirse insanamente. Sí, hay que desahogarse, pero se ha de llevar el duelo con gallardía y dignidad. Por eso, en un principio hay que llorar hacia fuera. Después hay que “llorar hacia adentro”, autoconfrontándose.

Es muy erróneo creer que por hablar del fallecido con otro familiar o ser querido es ocasionar sufrimiento. ¡Muy al contrario! Callar siempre, haciendo un tema tabú, es sufrir más. Obviamente, con el paso del tiempo no se puede ni se debe constantemente tratar en la conversación el mismo tema.

Si cada vez que alguien pronuncia comunitariamente o en familia el nombre del muerto o se recuerda de él un hecho se produce llanto o expresión del sufrimiento en alguno, se tenderá en el futuro a evitar esas alusiones para “proteger” a ese doliente. Ese cerrojo de silencio será contraproducente para la sana elaboración, sobre todo para los niños y jóvenes.

Ciertos matrimonios se culpabilizan, se distancian y hasta se separan en el duelo. El sufrimiento ha detonado problemas preexistentes silenciados. Los muertos no separan a los vivos.

También los dolientes han de ser pacientes para aceptar ciertas expresiones dichas por personas con buena voluntad, pero inoportunamente y que en nada ayudan (1):

– ¡Qué gran prueba!

– ¡Qué vas a hacer! Resignación.

– Es el destino.

– Al menos te quedan otros hijos. Ya tendrán otro. Pueden adoptar…

 

Si existen hijos pequeños, la mejor manera de que éstos elaboren su duelo es ver como los adultos, especialmente los papás, lo elaboran y dialogan mencionando al ser querido muerto con cierta paz del alma (2).

El duelo, en fin, es tan comunitario que tiene repercusiones hasta en lo laboral. La motivación por el trabajo se resiente mucho. Al principio, todo es aceptado pero la dinámica de producción capitalista exige que la persona vuelva a funcionar con toda normalidad, si no se corre peligro de perder el mismo puesto de trabajo.

El duelo, aunque personal, es muy familiar y muy comunitario. ¡Cuánta gente acude a los funerales! La puesta en marcha los grupos de mutua ayuda es un signo de cómo se sale del sufrimiento con el apoyo de los vínculos comunitarios.

El duelo es de uno pero no es sólo cosa de uno…

(1) Mateo Bautista. Resurrección. Grupo de mutua ayuda en duelo. Ed. San Pablo, Buenos Aires, pag. 55.

(2) A. Pangrazzi. El duelo. Ed. San Pablo, Buenos Aires, pp. 93 – 108.