15- La ayuda de la fe buena

La fe es un gran don dado al hombre. Para los cristianos esta fe es colmada por el don de la revelación cristiana personalizada en Jesucristo, el Hijo encarnado de Dios.

La fe religiosa, por lo tanto, no es una “superestructura”, ni una “ideología” que aliena o infantiliza; muy al contrario, es una inteligencia de vida, un sentirse incondicionalmente amado por Dios, un bastón ante las adversidades. La fe es un aliciente progresista hacia el futuro, luz que disipa el absurdo y puente de la espera a la esperanza en el sufrimiento, enfermedad, discapacidad, vejez, muerte…

La fe no elimina el sufrimiento; lo ilumina para transformarlo. Fe en el Dios de la vida es fe en la vida que viene de Dios.

Y por esta fe tenemos tantos auxilios en nuestro vivir y morir, y en la integración sana de la muerte de los que amamos en nuestra vida. Porque lo que integramos es la resurrección de los que murieron, no la muerte. Es la promesa y la realidad de la resurrección en Cristo.

Sin embargo, muchas veces se vive una fe infantil, inmadura, sin la orientación de la Palabra de Dios, sin vida de oración, sin sentido eclesial, sin alimentarse de la gracia de los sacramentos, individualista, sin vivencia espiritual de amistad con Jesús, alejada del rostro verdadero de Dios Padre manifestado por Él. Y entonces surgen las alienaciones, los sentimientos de ser castigados por Dios… Y se viven así años enteros, con enojo con Dios, atribuyéndole la fuente del sufrimiento. Se confunde “pelear a Dios” con “pelear con Dios”. Dios nunca pelea al hombre y menos cuando está con defensas bajas por el sufrimiento. Tampoco lo prueba (cfr. Stgo 1,13-15). Dios está apoyando en las pruebas. ¡Se olvida fácilmente que Dios también tuvo un Hijo y se lo mataron los hombres!

Observemos esta dinámica de confrontación empática del grupo “Resurrección”:

– ¿Por qué Dios me ha castigado así?

– ¿Crees que la muerte de tu ser querido es un castigo de Dios?

– argumenta el coordinador del grupo.

– Sí, una prueba muy dura.

– Una prueba, ¿para qué?

– sigue confrontando el coordinador.

– ¿Por qué, si no, se lo llevó?

– Contéstame, por favor a esto: si a vos, después de vivir una vida ejemplar te clavaran en la cruz luego de un juicio injusto y una tortura cruel, ¿perdonarías a los que te mataran?

– No, muy difícil.

– ¿Y vos serías capaz de matar a una criatura haciendo infeliz a sus padres?

– Por supuesto que no.

– Y Jesús que en la cruz pidió perdón para los que lo asesinaban delante de su madre, ¿te va a quitar a tu ser querido? – concluirá el coordinador.

El sufrimiento, bien elaborado, purifica la fe de una imagen y vivencia de Dios insanas. La fe sana purificará el sufrimiento.