11- Lo entiendo, pero mi corazón…

Hay que ir unificando todas las dimensiones de la persona. En el proceso del duelo, la persona está dispersada, muy desorientada. Escuchamos frecuentemente esto:

– Tengo que ir al lugar del accidente de mi hijo pero temo sufrir si voy…

¿Qué es lo que sucede? La mente intuye que se hace necesario ir al lugar porque no siempre se va a estar escapando. Pero el corazón envía otro mensaje bien explícito: “Si vas a ese lugar, vas a sufrir mucho”. ¿Qué sucede? ¿Quién puede?

La mente y la fe dicen aceptar la realidad de la muerte del ser querido, pero el corazón da la contraorden. Pocas veces como ahora el sentimiento estuvo tan alejado de la razón y el corazón tan distante de la mente y de las creencias de la fe.

Una experiencia de la vida clarifica lo dicho. Un niño hace este comentario:

– Mi mamá me dice que mi hermanito está feliz en el cielo, con Jesús. Después me lleva al cementerio, llora y habla con la tumba.

Lo que cree la fe, lo que quiere asimilar fácilmente la mente, lo rechaza el corazón.

En el sufrimiento, es larga la distancia entre la mente y corazón. Hay muchos cortocircuitos. Lo que para la mente muere una vez, para el corazón muere muchas veces. Hay que dar unidad a la persona. Es todo un desafío. Hay que reunificar mente, corazón, fe y futuro. Y esto no lo hace sólo el tiempo.

Hay que confrontarse sanamente con el sufrimiento disgregador para motivarse positivamente y dejar de sufrir. Y cuanto antes, mejor.