10- No idealizar a quien murió ni compararlo

– Tengo dos hijos más. No es que lo diga yo como madre; son buenísimos, pero el que se me “fue” era especial…

Una tendencia normal en el proceso inicial del duelo es idealizar al muerto. Las cualidades son elevadas (o inventadas) y los defectos desaparecen.

¿Por qué idealizar? Porque, engañosamente, nos parece falta de amor reconocer sus defectos o límites. Es como si se lo quisiera menos.

Una buena dinámica de confrontación en el duelo es tratar de expresar tal como era el muerto, con sus rasgos positivos y negativos.

 

– No puedo expresar algún rasgo negativo. Es muy duro para mí…

El amor verdadero no idealiza. Enamorarse de una imagen falsa e irreal del difunto es entorpecer el duelo.

El amor verdadero acepta al otro incondicionalmente, tal cual es. Lo mismo sirve para el recuerdo de quien murió.

¡Atención! También otros familiares se sienten comparados con el difunto idealizado. Y eso hace sufrir.

Pero, ¿nos quedaremos sólo con el recuerdo del pasado o con su presencia dichosa y feliz en la resurrección de Dios? Especialmente, se ha de considerar este aspecto en el caso de suicidio (1).

(1) M. Bautista, M. Correa. Relación de ayuda ante el suicidio. Ed. San Pablo, Buenos Aires, pp. 102 – 104.